Aproximación a las generaciones literarias en América Latina a fines del XX (versión corta del ensayo publicado originalmente en “La sonrisa irónica”, 2005).
El manifiesto vanguardista presentado como prólogo a la antología de cuentos “Se habla español: voces latinas en USA”, publicada por Alfaguara en el 2000, motiva esta reflexión tardía acerca de la más reciente generación de escritores latinoamericanos.
En la suerte de prólogo que presenta el libro, los compiladores Edmundo Paz Soldán y Alberto Fuguet advierten: “Una antología sobre los Estados Unidos, sí, pero en español. Articulada desde las entrañas mismas del monstruo –Martí dixit-, pero en una USA contemporánea, vista por escritores latinoamericanos (¿qué significa ser latinoamericano?) de la nueva generación (¿qué implica nueva generación?), todo esto escrito, por cierto, en el nuevo idioma del gigante: Spanish (14)”.
Es oportuno que las dos preguntas auto-referenciales incrustadas en el discurso de apertura, se encuentren encerradas entre paréntesis, colocadas de esa manera en un territorio incierto, provisional, tentativo y tentador. Ambas indagaciones (sobre lo latinoamericano y lo nuevo) son precisamente lo que conviente explorar.
Antes de “Se habla español”, fue “País McOndo”, el primer intento de diferenciación de lo nuevo con lo anterior, al parodiar el nombre del poblado imaginario de García Márquez al asemejarlo con el de la corporación norteamericana de comida rápida.
En la presentación de la también antología de cuentos “País McOndo”, Alberto Fuguet y Sergio Gomez declaraban su rechazo a la tendencia de la literatura latinoamericana en voga, la que alguna vez había sido una innovación y que se había convertido ya, para 1996, en un estereotipo: el “sagrado código del realismo magico”, como lo llamaron con desdén, con enojo, con ironía.
El público, y los editores que en buena medida conforman el gusto de ese público, esperaban más de lo mismo, ante lo cual los “nuevos” reaccionan: “No desconocemos lo exótico y variopinto de la cultura y costumbres de nuestros países, pero no es posible aceptar los esencialismos reduccionistas, y creer que aquí todo el mundo anda con sombrero y vive en los árboles (16)”.
Coincidentemente, en similar tono, Gerald Martin había advertido, que la realidad retratada en “Cien años de soledad” podría motivar una apreciación distorcionada de la realidad latinoamericana pues: “(it) raises the question of what those foreign –especially Anglo-Americans- readers saw in the book, and whether ther is not some need for a book on ‘South Americanism’ to match Edward Said’s book on Orientalism (225)”.
Refiriéndose a “Cuentos con Walkman”, un esfuerzo anterior realizado por ellos mismos en Chile y publicado en 1993, en “País McOndo”, Fuguet y Gomez declaraban que lo suyo se trataba de una ruptura, autodenominándose “una nueva generación que es post-todo: post-modernismo, post-yuppie, post-comunismo, post-babyboom, post-capa de ozono. Aquí no hay realismo mágico, hay realismo virtual (12)”.
Sin embargo, omitieron algo que escribieron en la presentación de “Cuentos con Walkman”: “…hablemos de una generación sin nombre. Generación X, como dice el homónimo del canadiense Douglas Coupland. La generación de la interferencia, de la estática, la generación nula. Más que una generación literaria, son –somos- una (de)generación. No por lo decadente sino por la falta de marca registrada…Lo único claro de esta supuesta ‘nueva generación’ es que viene después de las otras (14)”.
En las declaraciones anteriores manifiestan tres rechazos y dos coincidencias que aglutinan a su “generación”, con las cuales comienza el rompimiento y la conciliación con la generación del Boom, entonces establecida.
Los rechazos saltan a la vista: 1) el distanciamiento que toman del tema del “gran tema de la identidad latinoamericana”; 2) la despreocupación acerca de los temas sociales y la desvinculación del compromiso político expresado así: “si hace unos años la disyuntiva del escritor joven estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh (15)”; y 3) el rechazo a seguir retratando la ruralidad, lo “folkrorizante” de latinoamerica.
Esto ejemplifica una postura que proviene de un estrato social urbano clase mediero, parte de la actitud solipsista que asumen: “Los cuentos de McOndo se centran en realidades individuales y privadas. Suponemos que ésta es una de las herencias de la fiebre privatizadora mundial. Nos arriesgamos a señalar esto último como un signo de la literatura joven hispanoamericana, y una entrada para la lectura de este libro (15)”.
Las coincidencias son, de manera similar, fáciles de encontrar. Aunque no se refieren a un hecho histórico específico que los marque, al intentar delimitar la temporalidad que los conforma hacen un señalamiento interesante: “Nos decidimos por una fecha que fuera desde 1959 (que coincide con la siempre recurrida revolución cubana) a 1962 (que en Chile y en otros países, es el año en que llega la televisión). La mayoría, sin embargo, nacieron algún tiempo después (16)”.
“Se habla español” sirve para relanzar “País McOndo” de una manera más mesurada, estudiada y ambiciosa. De entrada, hay cambios. Más autores (algunos repetidos), ya no más España. Aunque las estructuras de los prólogos son similares, el tono de “Se habla español” es más académico, equilibriado, políticamente más correcto.
La indagación de la latinoamericidad, ya no se desdeña como lo hicieran apenas unos años atrás, sino más bien se actualiza al ampliar su espectro: “La idea (mala, según algunos; peculiar para otros) era narrar la diversidad de la experiencia latinoamericana en USA. Eso salimos a buscar (14)”.
Está además una conciliación con el “boom”: que va desde la pregunta (les gusta/han leido/admiran a Faulkner, por lo tanto preguntan, para justificarse) “¿no es Faulkner, por ejemplo, uno de los padres del boom? (14)” [Paz Soldán escribe un conciliador cuento sobre esta relación] hasta la adjudicación del resucitado premio Seix Barral a la novela, que no trata precisamente de un asunto “latinoamericano”, “En busca de Klingsor” de Jorge Volpi, perteneciente a la mexicana generación “crack”, que se presenta como una “sutil fisura”.
El pleito con García Márquez, sin embargo, sigue vivo; aunque habite un tanto el fantasma de Faulkner, apenas lo mencionan, un poco más siquiera que a Cortázar. A Vargas Llosa lo citan, como autoridad, quizá por ser actualmente el más público de los escritores del Boom.
Donoso queda estigmatizado como “grotesco simplista”, aunque líneas antes hayan expresado que el deseo que motivó la antología fue realizar ese viaje hacia el “estereotipo” norteamericano al revés, precisamente lo que hace la novela “Donde van a morir los elefantes”. Carlos Fuentes recibe una de cal (“ha sido uno de los primeros en reconocer la vitalidad de la cultura hispana en Estados Unidos”) y otra de arena (citando a Parini, sobre La frontera de cristal: “las ideas de Fuentes siempre han sido más atractivas que sus escritos”, cosa que se puede decir de los antologadores).
Pero, casi diez años después, ¿qué resultados se obtuvieron después de tanta proclama? ¿Empato la intensión con la obra que luego produjeron estos autores? Lo examinaremos en las próximas entregas…
Trabajos citados
Donoso, José. The Boom in Spanish American Literature: A Personal History. Trans. Gregory Kolovakos. New York: Columbia University Press, 1977.
Fuguet, Alberto y Gomez, Sergio, ed. Cuentos con Walkman. Chile: Editorial Planeta, 1993.
Fuguet, Alberto y Paz Soldan, Edmundo, ed. Se habla español: voces latinas en USA. Estados Unidos: Alfaguara Internacional, 2000.
Martin, Gerald. Journeys Through the Labyrinth: Latin American Fiction in the Twentieth Century. London: Verso, 1989.
Volpi, Jorge. “El fin de la conjura.” Letras Libres. Octubre 2000: 56- 60









2 Comentarios
En estos días Junot Díaz acaba de ganar el Pulitzer por su novela “The Brief Wondrous Life of Oscar Wao”. Aunque no la he leído aún , hace unos años leí “Drown” una colección de cuentos de dicho autor. Creo que es interesante como la identidad Hispano – Americana se contrapone a la identidad Hispanoamericana. Para empezar con la elección de escribir en inglés y por lo tanto alcanzar a una audiencia más global. Me intriga encontrar las raíces de la narrativa del siglo XXI tanto en escritores de habla hispana como en escritores hispanos de habla inglesa y lanzo al aire la idea de contraponer universalidad a globalismo.
Tendré que leer a Díaz, aunque he leído a Pérez Firmat, que postula la vida en el guión (Hispanic-American). Universalidad, globalismo? Interesante. Gracias, como siempre, Manolo!